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Índice

Capitulo 1   El viaje de descubrimiento
Capitulo 2   Sentar las bases
Capitulo 3   El espíritu y la espada: trágico legado de la guerra
Capitulo 4   Estructura del tratamiento: descubrir los ocultos abismos del dolor
Capitulo 5   Las mil caras del miedo: fobias y ataques de pánico
Capitulo 6   Terror en la noche: trastornos del sueño y trauma infantil
Capitulo 7   Vínculos que atan: trastornos de apego
Capitulo 8   Curar los estragos de la violación
Capitulo 9   Enterrar la pena
Capitulo 10  Liberarse de las adicciones
Capitulo 11  La última puerta: enfrentar la enfermedad, la discapacidad y la muerte
Capitulo 12 Visiones del futuro: alcance global de EMDR
Apéndice A  Recursos de EMDR
Apéndice B  EMDR: Informes de Casos
Apéndice C  EMDR: descubrimientos en la investigación del trauma y otras lecturas


Prólogo

Toda la elegancia y la fuerza del EMDR, nuevo modelo de tratamiento del trauma psicológico, apunta a la rapidez con la cual los pacientes se liberan del peso de la vergüenza, de la tristeza, o de la rabia con el cual vivían desde hacía años.
En este libro traducido en Español de Francine Shapiro, quien fundo este modelo, nos hace revivir la excitación intelectual de su descubrimiento y sobre todo, la emoción profunda que acompaña las sesiones de EMDR. A través de cada caso, se comprenden un poco mejor los aspectos de este enfoque único: el imperativo humanista en el tratamiento de toda persona herida por la vida; la necesidad de ayudar a encontrar su propia capacidad de " autocuración", de guiarlo hacia su propia fuerza de vida, y la importancia del cuerpo y sus sensaciones en la curación del espíritu. Algunas escenas son tan emocionantes que se tiene la impresión de leer una novela. Por lo tanto, todos los que practicaron EMDR vivieron sesiones comparables y saben que el dolor de sus pacientes no tiene nada de ficticio.

Francine Shapiro resume perfectamente su descubrimiento en estas páginas: "Cuando una mujer es violada, puede estar en estado de shock, puede temblar, sangrar, pero con los cuidados médicos convenientes su cuerpo puede curarse en algunas semanas. Es esto lo que se espera. El espíritu puede, también, estar en estado de shock después de una violación y puede forzar a la víctima a revivir indefinidamente la agresión. Pero con los cuidados psicológicos apropiados, el espíritu puede curarse al mismo ritmo que el cuerpo. "

A lo que sólo fue una intuición al principio, contraria a todas las enseñanzas académicas, debía consagrar toda su vida y su energía.  Nadie mide la prueba de la soledad del precursor que fue Francine Shapiro, la terquedad y la paciencia que debió añadirse al entusiasmo para venir a concluir y expulsar la duda permanente; el esfuerzo que imponía a un científico la preocupación de convencer sin precipitar, de transmitir sin omitir el menor detalle; el desgaste de las horas que consagró “a curar” los futuros que se curaban.

El carácter de la autora que se extrae de esta lectura corresponde a lo que ella es realmente: una "gran señora", imponente por su imponencia y a la vez por la fuerza tranquilizadora de su presencia, la inteligencia de su mirada, su pensamiento analítico y su increíble capacidad para preocuparse por los otros. Se encuentran frecuentemente estas características en los fundadores carismáticos de una nueva escuela de psicoterapia. Después de veinte años pasados en las grandes universidades Canadienses y Americanas, cuando me entrevisto con  Francine Shapiro, desconfiaba más bien de este carisma; no era habitual en los medios científicos que frecuentaba. Pero, siguiendo la formación de EMDR a la cual ella me había invitado, luego leyendo sus trabajos y luego durante nuestras conversaciones, mas de una vez Francine Shapiro no me pareció otra cosa que una "investigadora", como lo éramos todos. A lo largo de los años, siempre ha insistido para que su "descubrimiento" se someta a la valoración de sus pares, ella también ha estado dispuesta a cuestionar y a revisar sus hipótesis, a menudo más que la mayoría de mis colegas universitarios o mis colegas psiquiatras o psicoanalistas.

Para un psiquiatra, el descubrimiento del EMDR es, sin duda alguna, el acontecimiento más desconcertante - y quizá el más significativo - desde la llegada del psicoanálisis hace cien años y el de los antidepresivos hace cincuenta años

Desconcertando porque es casi imposible, para un médico o un terapeuta formado a la manera clásica, aceptar la idea que, de hacer mover los ojos a un paciente que evoca las escenas más dolorosas de su vida, - una violación que sufrió o la muerte de un niño - pueda aliviar su dolor. La propia idea parece absurda, o incluso contraria a la ética profesional de alguien cuyo deber es ocupar por los medios más apropiados o más reconocidos. Y con todo, existe en adelante no menos de dieciocho estudios controlados que demuestran la eficacia del EMDR en el tratamiento del TEPT, incluidos los duelos traumáticos. En 2004, de las evaluaciones independientes hechas por sociedades científicas como el INSERM en Francia o el American Psychiatric Asociación en los Estados Unidos clasificaron a EMDR como un tratamiento eficaz para los TEPT.

Desconcertando también, porque lo que describen los terapeutas que practican EMDR es a la vez extremadamente familiar y perfectamente incongruente. ¡Se habla de trabajo de duelo realizado, de recuerdos traumáticos "resumidos", de transformación de la imagen sí - de los fenómenos descritos de manera clásica en psicoanálisis - pero aquí se trata solamente de algunas sesiones!

Desconcertando finalmente porque a pesar de la abundancia de pruebas en lo que se refiere a la eficacia del tratamiento EMDR, su mecanismo de acción permanece inconcluso. ¿Se trata de un mecanismo que reorganiza la memoria durante el sueño (durante los cuales los ojos se mueven de derecha a izquierda detrás de los párpados cerrados) y permite a las emociones dolorosas expresarse? ¿O de una orientación súbita de atención que cambia las pulsaciones del corazón y toda la fisiología del cuerpo que facilita por allí incluso una reducción del ansiedad, o también de un estado de consciencia comparable al de la meditación durante la cual se puede sufrir y a la vez observarse sufrir y, gracias a eso, ver fundar el dolor progresivamente?

Pero es precisamente el por qué EMDR nos desconcierta. Abre un nuevo y extenso campo sobre la relación entre el cerebro y el dolor psíquico y, sobre todo, sobre el potencial de curación que existe en cada uno nosotros. Es en eso que este descubrimiento es tan significativo.
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Un día, mucho antes de que la eficacia del EMDR fuese aceptada ampliamente, aprovechaba  una conferencia en Washington para pedir con mucha vacilación por miedo de su juicio - a uno de los más grandes investigadores americanos sobre el traumatismo psíquico lo que pensaba del EMDR y Francine Shapiro. Me observó intensamente, como si vacilara él también, no sabiendo si pudiera decirme lo que pensaba realmente. Luego, al bajar un poco la voz, como si no quisiera correr el riesgo de ser escuchado por nuestros colegas que pasaban  cercanos, él me dijo: "si quieren saber lo que pienso realmente, creo que ella descubrió lo que buscamos desde hace mas de cincuenta años." ¡Creo que merece el Premio Nobel! ".

Delante del atardecer, el sol sobre los acantilados del Pacífico en el pequeño pueblo de Sea Ranch, al norte de San Francisco, Francine Shapiro concluía una semana de trabajo con un equipo de formadores en EMDR venidos de distintas regiones de América. "Mucho tiempo me sentí obligada proteger EMDR contra los ataques que habrían podido impedirle ser evaluado y de servir a los que tenían necesidad". Me apegaba como una madre se apega para proteger a su niño todavía frágil. En la actualidad, no tengo ya las ambiciones de una madre sino las de una abuela. Hice lo más grande de mi trabajo, y es EMDR quien debe plegar sus propias alas, y ver hasta dónde todo eso puede ir". "Al escribir este libro, es en las manos del público, en las manos de ustedes, que Francine Shapiro quiso también poner a consideración  EMDR. Para que cada uno pueda juzgar si lo puede encontrar allí donde haga falta parara curar.

David Servan-Schreiber, MD, PHD
Clinical Professor of Psychiatry, University of Pittsburgh

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